
Hace un poco más de un año que te fuiste y aún tengo esa sensación de escalofrios y de querer llorar hasta que no me quede aliento.
Recuerdo cuando era pequeña y discutías conmigo porque no me gustaba peinarme...esa es una maña que nunca me pudiste quitar, a pesar de que me sentabas en la mesa y me peinabas mientrás yo lloraba. Recuerdo también cuando decía que el día que tu murieras yo moriria junto a ti...y de cierta forma fué así, ese día una gran parte de mi murió.
A pasado más de un año desde tu fallecimiento y aún no lo supero; aún siento tu calor, tu aroma, la suavidad de tu piel y si me detengo un momento aún puedo escuchar tu voz.
¿Te acuerdas cuando llorabamos juntas? Me hace tanta falta hacerlo nuevamente. Acercarme a ti, hundirme en el calor de tu pecho y que todo lo malo que pudiera estar sintiendo se esfume.
Me hubiera gustado tanto que me acompañaras más tiempo, que vivieras mis nuevos logros y sentir tu apoyo incondicional.
Sin embargo, sé que es egoísta de mi parte pedir más.
Por eso cada nuevo logro va dedicado a ti, en cada momento de felicidad pienso en ti y en la sonrisa que me darías, en cada momento de tristeza te recuerdo y el peso es un poco menos.
Eres la mujer más importante de mi vida y estoy tranquila porque tu lo sabes. Sentiste mi amor y mi presencia en cada momento que pasamos juntas, incluso los últimos dias cuando tu mente ya no estaba aquí; sin embargo, me abriste tus ojos y me estrechaste tu mano.
Te amo mucho abuelita. Gracias por hacer de mí la mujer que hoy soy.